Titanio integral. El titanio pesa cerca de un 40% menos que el acero con resistencia equivalente. En la práctica: una montura que no deja marca en el puente nasal ni presión detrás de las orejas después de ocho horas. Ascenso es titanio en el frente, el puente y las varillas — sin insertos de otro metal.
Doble acabado sobre una sola estructura. El contraste entre el negro y el oro rosa es de acabado, no de material. Frente, puente y varillas son la misma pieza de titanio; cambia solo el tratamiento de superficie. Eso evita el punto débil de las monturas bicolor convencionales, donde la unión entre dos metales distintos es lo primero que cede.
Sin níquel. El titanio es biocompatible; es el mismo material de los implantes quirúrgicos. No genera la reacción cutánea que producen las aleaciones con níquel, la alergia de contacto más frecuente en monturas metálicas. Si has tenido irritación o manchas verdosas con otras gafas, el problema era la aleación, no tu piel.
No se corroe. El titanio forma una capa de óxido natural que lo protege. No se oxida con el sudor, el agua salada ni los productos de limpieza. Ambos acabados conservan su tono con el uso, sin virar ni descascararse.
Memoria elástica. Recupera su forma tras la deformación en un rango mayor que el acero. Las varillas resisten el gesto de quitarse las gafas con una sola mano sin descalibrar el ajuste — el hábito que más monturas metálicas arruina.